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La Agricultura Familiar en la Mira: Tres Errores de Política que Colombia Debe Corregir para Garantizar su Soberanía Alimentaria

Una profunda paradoja define al campo colombiano: la agricultura familiar, que representa cuatro de cada cinco fincas y produce la mayor parte de los alimentos que llegan a nuestra mesa, es también el sector con los mayores índices de pobreza e inseguridad alimentaria. Un reciente informe técnico de la FAO arroja luz sobre esta contradicción, revelando que muchas de las políticas públicas actuales se basan en errores conceptuales. Este artículo traduce esos hallazgos en una hoja de ruta práctica con líneas de política accionables para gobiernos locales y departamentales.

Error #1: Creer que “Agricultor Familiar” es sinónimo de “Pequeño Productor”

El primer y más extendido error es usar el tamaño de la tierra como el único criterio para definir a un agricultor familiar. El informe de la FAO es contundente al demostrar que esto es una aproximación incorrecta; de hecho, cerca de un 20% de las explotaciones de agricultura familiar superan las 20 hectáreas. Este enfoque simplista lleva a una mala focalización de los recursos, excluyendo a unidades familiares productivas de mayor tamaño o incluyendo a pequeñas explotaciones no familiares que tienen otros fines, lo que diluye el impacto de los programas de fomento y crédito.

Error #2: Diseñar Políticas de “Talla Única” para un Sector Diverso

El segundo error es tratar a la agricultura familiar como un bloque homogéneo. La realidad es que el sector es profundamente diverso: no tiene las mismas necesidades una finca familiar enfocada en la subsistencia que una con excedentes para mercados locales o una con potencial de exportación. Al diseñar programas de “talla única” en asistencia técnica o acceso a crédito, se desperdician recursos en intervenciones que no son pertinentes para una gran parte de la población objetivo, dejando a los segmentos más rezagados sin el apoyo adecuado para sus necesidades específicas.

Error #3: Medir Solo la Producción e Ignorar el Impacto Real

Finalmente, el informe critica la visión tradicional que valora a la agricultura familiar únicamente por su aporte en toneladas de alimentos. Esta perspectiva ignora sus contribuciones multidimensionales, que son cruciales para el desarrollo sostenible: su rol en la cohesión social de las comunidades rurales, la conservación de la biodiversidad y el conocimiento agrícola tradicional, y su importancia para el arraigo territorial que previene el abandrov del campo. Al no medir estos aportes, se subestima al sector y se justifica una menor inversión en su desarrollo integral.

De la Evidencia a la Acción: 3 Líneas de Política para Gobiernos Locales

Para corregir estos errores, se necesita una acción coordinada que empiece desde lo local. Proponemos tres líneas de política que los municipios y gobernaciones pueden liderar:

  1. Creación del “Censo Municipal de Agricultura Familiar”: Proponemos que cada municipio, liderado por su Secretaría de Agricultura o UMATA, implemente un censo local para caracterizar a sus agricultores familiares basándose en criterios amplios (mano de obra, gestión, origen del ingreso), no solo en el tamaño del predio. Este “mapa” de la agricultura familiar local sería la base para una focalización verdaderamente eficiente de todas las ayudas y programas.
  2. Diseño de “Paquetes de Asistencia Técnica Diferenciada”: Sugerimos que, basadas en el censo, las gobernaciones y alcaldías creen al menos tres paquetes de apoyo distintos: uno enfocado en “Seguridad Alimentaria” para fincas de subsistencia; otro en “Acceso a Mercados Locales” para fincas con excedentes; y un tercero en “Asociatividad y Exportación” para las unidades familiares más consolidadas.
  3. Implementación del “Sello de Compra Local: Agricultura Familiar”: Proponemos que los concejos municipales creen un sello de reconocimiento para los comercios y restaurantes que demuestren que un porcentaje de sus compras proviene de agricultores familiares censados. A su vez, se daría prioridad a estos productores en los Programas de Alimentación Escolar (PAE), creando circuitos económicos cortos y garantizando mercados.

El informe de la FAO no es un diagnóstico, es un llamado a la acción. Corregir los errores históricos en la definición, medición y apoyo a la agricultura familiar es una condición necesaria para construir la soberanía alimentaria de Colombia. La tarea comienza en los territorios, con políticas locales inteligentes que reconozcan el verdadero valor de quienes, día a día, alimentan al país.